La verdadera espiritualidad es completamente distinta de toda la canalización de poderes ocultos y sobrenaturales que es tan popular hoy día; incluso es diferente de la religión. La verdadera espiritualidad tiene que ver con la consciencia y el comportamiento. Significa, sencillamente, tener un buen reconocimiento de su identidad espiritual eterna y del tipo de valores que necesita para vivir. Significa tener claridad sobre su propio valor inherente, y cómo puede este reflejarse en su vida diaria. La gente espiritual es gente sencilla, que obtiene éxito al aplicar un sentido elevado de sí mismos a la forma en que están llevando sus vidas. El verdadero propósito de la espiritualidad es hacernos más efectivos, ayudándonos a mejorar nuestros actos. ¡La espiritualidad y la acción trabajan juntas!. La espiritualidad da un sentido a nuestras acciones, y las acciones le dan un propósito a nuestra espiritualidad.
miércoles, 2 de octubre de 2013
PATRICIA LAGUNES
Cómo puedo entonces ser espiritual y a la vez llevar mi vida tal cual es?
No existe una respuesta única a esta pregunta. Sin embargo, tengo buenas noticias: Se puede lograr. Voy a compartir brevemente, desde mi experiencia y aprendizaje personal, cinco puntos fundamentales que me han sido de mucha utilidad:
En primer lugar, no es necesario cambiar nada de nuestra vida actual. Los cambios por lo general llegan solos, y si nacen desde la espiritualidad, son siempre para bien, y potencian lo que ya somos.
La espiritualidad no debería verse como algo complicado. Es parte natural de cada uno de nosotros y, por tanto, más práctica y sencilla de lo que uno pudiese creer.
Todos los caminos espirituales conducen al mismo punto esencial. Los seres humanos tenemos distintos niveles de entendimiento, y, para ello, existe una amplia gama de sistemas, religiones y técnicas a nuestra disposición. No se trata finalmente del camino que elijamos sino, simplemente, de caminar.
Es importante reconocer que, más allá de nuestro trabajo, profesión, logros y éxitos, hay un espacio más profundo que necesita de nuestra atención, y que nos acompaña durante toda la vida. En este sentido, no importa lo que estamos haciendo, sino lo que estamos siendo en cada momento.
Más allá del conocimiento que obtengamos, lo importante es pasar a la acción: Ir integrando ese aprendizaje a nuestros pensamientos, palabras y acciones diarias. Probablemente, este es el paso más decisivo para lograr un cambio sustancial y concreto en nuestra vida cotidiana.
martes, 1 de octubre de 2013
QUE TUS PALABRAS SEAN MÁS IMPORTANTES QUE EL SILENCIO QUE ROMPES
Sí, HABLAR es fácil, pero CALLAR requiere prudencia y dominio.
EL ARTE DE HABLAR
HABLAR oportunamente, es acierto.
.
HABLAR frente al enemigo, es civismo.
HABLAR ante la injusticia, es valentía.
HABLAR para rectificar, es un deber.
HABLAR para defender, es compasión.
HABLAR ante un dolor, es consolar
.
HABLAR para ayudar a otros, es caridad.
HABLAR con sinceridad, es rectitud.
HABLAR de si mismo, es vanidad.
HABLAR restituyéndote fama, es honradez.
HABLAR disipando falsos, es conciencia.
HABLAR de defectos, es lastimar.
HABLAR debiendo callar, es necedad.
HABLAR por hablar, es tontería.
LA VIRTUD DE CALLAR
CALLAR cuando acusan, es heroísmo.
CALLAR cuando insultan, es amor.
.
CALLAR las propias penas, es sacrificio
CALLAR de si mismo, es humildad.
CALLAR miserias humanas, es caridad.
CALLAR a tiempo, es prudencia.
CALLAR en el dolor, es penitencia
.CALLAR palabras inútiles, es virtud
CALLAR cuando hieren, es santidad.
CALLAR para defender, es nobleza.
CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.
CALLAR debiendo hablar, es cobardía.
Debemos primero aprender a CALLAR para luego poder HABLAR.
Recuerda siempre:
QUE TUS PALABRAS SEAN MÁS IMPORTANTES QUE EL SILENCIO QUE ROMPES
RICARDO VÍCTOR DORIA
BIEN ESTAR EMOCIONAL
La
definición del presente puede variar según la persona. Algunos lo
definirían como un día o quizás una etapa de su vida. Otros como
una milésima de segundo o como una hora. La Real Academia Española
lo define como el “tiempo que sirve para denotar la acción o el
estado de cosas simultáneos al momento en que se habla.” No
obstante, el presente al que me refiero en este artículo es al del
aquí y el ahora, al momento exacto en el que se está ejecutando una
acción, porque aquí es donde reside la clave para el bienestar
emocional. La naturaleza muestra en todos sus aspectos la necesidad
de respetar el aquí y el ahora para el equilibrio y el bienestar.
Cada
momento tiene su acción, sin luchas y sin batallas: el otoño
muestra la caída de las hojas en sintonía con el viento y la
primavera desencadena preciosos florecimientos de vida nueva.
Antiguamente, en los tiempos de las cavernas, el ser humano realizaba
rituales dedicados a sus tareas cotidianas. Cada tarea tenía su
ritual en el que se ponía especial conciencia a lo que estaba a
punto de ocurrir.
No
obstante, la sociedad actual demanda cada vez más una aceleración
vital que impide al ser humano parar y dedicar el tiempo y la
conciencia suficiente a la tarea que esté ejecutando. El tiempo cada
vez es más valioso y es necesario aprovecharlo al máximo integrando
varias tareas en un mismo espacio de tiempo. Este fenómeno deriva en
la pluriactividad, dando lugar a que se viva como autómatas,
ejecutando acciones de manera programada e inconsciente. Así el ser
humano pasa por la vida con el piloto automático encendido, haciendo
múltiples tareas sin ser plenamente conscientes de nuestras
necesidades o deseos en cada momento y sin disfrutar como realmente
uno se merece. Y en el momento en que algo se descoloca y no se sabe
cómo afrontarlo, aparece el malestar y la “depresión”, surgen
los conflictos interiores, los desequilibrios emocionales, los
desgastes de energía y otros desajustes tanto físicos como
mentales.
Por
ello, es esencial encontrar el equilibrio entre lo que debería ser y
lo que es, entre vivir el presente y ejecutar múltiples tareas para
vivir integrados en esta sociedad.
¿Cuántas
veces te has parado a respirar de forma consciente? ¿Cuántas veces
te has parado a escuchar el cantar de los pájaros? ¿Cuántas veces
has tenido que decirle a alguien que por favor te repita lo que ha
dicho porque no estabas escuchando? Entre tanto tumulto mental y
pluriactividad, no es de extrañar que uno se pierda en sus
pensamientos, en lo que tiene que hacer, en lo que debió decir y no
dijo o en lo que va a preparar para cenar.
Una
de las fases más importantes de la Inteligencia Emocional es el
autoconocimiento, es decir, saber qué se siente, porqué, y para
qué. Algo que resulta realmente complicado cuando se está inmerso
en pensamientos y acciones todo el día. Si
uno quiere estar bien emocionalmente debe vivir en el presente, sea
cual sea su definición exacta, viviendo cada momento, estando
plenamente consciente de lo que pasa dentro y fuera de sí mismo.
La
clave está en encontrar el equilibrio entre la vida automática y la
vida consciente, dedicando tan sólo unos minutos al día a:
1.
Sentir
2.
Poner conciencia
3.
Observar
4.
Conectar
5.
Crear
6.
Intuir
- SENTIR
La
tendencia actual es dar por sentados los cinco sentidos. Parece que
se ha olvidado la importancia del papel que desempeñan y no se
utilizan de la manera adecuada. Utiliza la vista, el oído, el
olfato, el gusto y el tacto. Siente y experimenta con cada uno de
ellos, poniendo especial atención a todos esos olores, sabores,
texturas, colores y sonidos que están ahí, pero no se sienten
debido a la desconexión total del entorno. Entrena de nuevo esos
sentidos.
- PONER CONCIENCIA
Poner
conciencia significa prestar atención y poner intención a lo que se
hace, cómo y para qué se hace. Algo
tan sencillo como salir a pasear puede ser una fantástica
oportunidad para estar presente. En lugar de pensar en lo que se
tiene que hacer mañana, en lo que se debería haber acabado para
esta tarde, o en miles de pensamientos que rondan la cabeza,
simplemente disfruta cada segundo del paseo. Siente la planta de los
pies mientras caminas, siente cómo pisas con firmeza el suelo,
observa a tu alrededor, los árboles, su color, su olor, su textura…
A lo mejor hay un pajarito al lado del árbol, párate y escúchalo.
Mira el cielo, sus colores, las formas de las nubes, siente el viento
en tu piel. Solamente disfruta de cada minuto de ese paseo.
- OBSERVAR
Es
importante tener los ojos y la mente abierta. Observar señales,
reacciones y anotar o recordar lo que se siente cuando ocurren
ciertas cosas, ya que pueden contener información valiosa sobre
nosotros mismos y lo que nos rodea.
Hay
ocasiones en las que uno se siente perdido, pero ésto es bueno, ya
que hace que uno se percate de que algo no va del todo bien. Es
ahí cuando hay que estar más abierto, parar, respirar, ver.
Seguramente las puertas ya están abiertas delante de nosotros, pero
sólo las veremos si ponemos atención.
- CONECTAR
El
primer paso para emprender el camino hacia la IE es el
autoconocimiento. La conexión con nosotros mismos es esencial para
alcanzar un cierto grado de conocimiento personal. Por eso para
conectar con nuestras emociones hay que dejar pasar todas las
distracciones cotidianas que interrumpen el proceso. Ello
o
significa desconectarse del mundo, pero sí que cada uno dedique unos
minutos a sí mismos, a relajarse, respirar, y sentir su corazón.
- CREAR
La
mejor manera de conectarse con uno mismo es dar rienda suelta a
nuestra creatividad, dejando emerger todo aquello que está en el
interior mediante la expresión artística. Cada uno se expresa de
maneras diferentes, ya puede ser mediante la música, la pintura, la
decoración, la jardinería, la fotografía, etc., cualquier cosa que
nos conecte con nuestro ser creativo. La creatividad ayuda al proceso
de conexión y de intuición.
- SEGUIR LA INTUICIÓN
Respirar,
relajarse y conectar con uno mismo facilita el camino para llegar
hasta la intuición. Ésta última necesita alimento diario, igual
que cada órgano del cuerpo. La intuición sólo se alimenta dándole
mucho uso y cariño, confiando en ella plenamente y escuchándola
cuando nos trata de decir algo. El problema radica en que la
intuición no habla en piloto automático y la única manera de
alimentarla es mediante la conexión, la observación, la creatividad
y el estar presente.
Aunque
parezca que son muchos los pasos que hay que seguir para estar
presente y ser consciente de lo que pasa en el interior de uno mismo,
en realidad la clave está en elegir algunos de estos pasos y
trasladarlos a la vida que llevamos para que se vayan integrando con
la práctica y hagan de nosotros unos seres más equilibrados.
El
estar presente viviendo el Aquí y el Ahora abre puertas a nuestro
interior, permitiendo que se halle información importante para el
bienestar y el equilibrio físico, mental y emocional, consiguiendo
así una mayor satisfacción personal y, por tanto, la felicidad.
Samar
Cajal
Ser
Feliz es, en gran medida, una elección personal.
Y
Ser Feliz es una responsabilidad que hay que asumir dedicándole
atención plena y prioridad preferente.
No
somos más felices porque no sabemos con qué o con cuánto es
suficiente para ser feliz.
En
más de una ocasión hemos sentido la sensación de plenitud de
felicidad con un encuentro, una sonrisa, o una llamada… sin más.
Todos
hemos visto personas que, aun no teniendo posesiones, y viviendo en
unas condiciones duras, son felices.
Todos
hemos asistido a una conversación en que uno acaba diciendo, más o
menos, “se puede ser feliz con cualquier cosita…”
La
infelicidad se basa, en gran medida, en las inconscientes
preocupaciones que todos tenemos.
Sabemos,
y le estamos dando vueltas continuamente aunque no nos demos cuenta,
que un hijo tiene un problema, que en la casa hay que hacer una
reparación, que notamos distante a una amiga, que nos vamos haciendo
mayores, que nos falta nuestra amada madre… y eso espanta a la
felicidad.
Nos
gustaría tenerlo todo y que todo fuera perfecto a nuestro alrededor.
Gastamos
demasiada energía, demasiada atención, y demasiado tiempo, en
añorar lo que ya no tenemos, lo que no se ha cumplido, lo imposible…
Y
ese tiempo que dedicamos a ello podríamos invertirlo mejor en estar
presentes en el presente, en disfrutar lo que somos y lo que tenemos
a nuestro alcance
La
felicidad se manifiesta en los momentos en que nuestra mente no está
divagando en sus pre-ocupaciones, en que estamos en contacto
solamente con nuestro centro, y cuando no estamos distraídos con
otras cosas.
Decimos
en muchas ocasiones, de esos que saben ser felices a menudo, que son
“unos irresponsables”.
¿Será
que es bueno ser “un irresponsable”?
¿Será
que a veces nos estancamos en el papel que nosotros llamamos
“responsable” y no nos damos permiso para disfrutar la felicidad?
¿Será
que a medida que nos vamos haciendo mayores creemos que tenemos que
ser serios?
Creo
que sólo se es feliz cuando se usa el corazón.
La
felicidad no es un asunto de la razón.
Piensa
en los momentos en que te hayas sentido absolutamente feliz, y verás
que tienen cosas en común: No estabas pendiente de otra cosa más
que de aquello que activó tu felicidad, y lo que te produjo
felicidad no era algo material.
Comprar
un coche nuevo o una nueva casa, un ascenso en el trabajo, gastar
dinero, una buena comida en un buen restaurante… eso te produce
satisfacción, entusiasmo, placer, euforia, contento, una especie de
alegría… y todo eso está muy bien, pero eso no es la felicidad:
eso son momentos puntuales en el tiempo que van desapareciendo.
La
suma de alegrías, risas, sonrisas, satisfacción, diversión, buen
humor, placer… aun no siendo la auténtica felicidad –porque son
efímeras- sí que provocan una “sensación” de felicidad, una
“sensación” que se parece bastante a la felicidad –que es
menos aparatosa, y es más discreta y prudente-; la parte buena es
que predisponen en buena medida a ser feliz porque provocan un
optimismo que alienta a relacionarse bien con la felicidad.
Ser
feliz no es estar alegre, eso ya lo sabemos, si bien estar alegre
puede ser una manifestación de ser feliz.
Ser
feliz se puede manifestar como una serenidad que no requiere
demostraciones externas –aunque se aprecia en la mirada, en la
sonrisa y en el aura-.
La
felicidad no es eufórica, es casi invisible, porque es un
sentimiento interior que se parece más a la paz que a cualquier otra
cosa.
Es
una satisfacción íntima con uno mismo, resultado de una aceptación
de Sí Mismo, y de su pasado y su presente.
Cualquier
oposición a la aceptación total impide la manifestación de la
felicidad.
Y
esa aceptación necesita una comprensión de todo lo que haya hecho
uno en el pasado: lo que se pueda calificar como “malo” y lo que
haya estado bien. Comprensión de que uno actuó del modo que
consideró adecuado o del modo que le permitieron sus capacidades o
circunstancias de entonces. Y he escrito “comprensión”, y no
“perdón”. Porque no hay nada que perdonar ni auto-perdonarse.
Eso sólo mostraría una especie de superioridad y prepotencia del
que perdona hoy al que fue ayer.
Ser
feliz se basa, básicamente, en encontrarse bien de Autoestima, en
tener una buena relación con Uno Mismo, en saber apreciar la vida y
sus cosas, en saber renunciar a lo imposible y no obsesionarse con la
consecución de utopías, en comprender que no se puede tener todo ni
ser el mejor, en saber aceptar y saber renunciar, en darse cuenta de
que lo que verdaderamente vale y es importante es cultivar la
relación consigo mismo, y admitirse sin condiciones en lo que uno
llama equivocadamente sus “imperfecciones” y sus “fracasos”.Sólo
serás feliz si realmente te propones ser feliz y eliminas tus
propias oposiciones.
Permítete ser feliz… y serás feliz.
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